LA FIRMA HONOR PROCEDE DE UN LINAJE DE PERSONAS APASIONADAS POR BUSCAR UN PUNTO DE VISTA DIFERENTE, POR AFRONTAR RETOS Y NO ACEPTAR QUE LAS COSAS SON CÓMO NOS HAN SIDO DADAS.

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Como toda historia, esta también tiene un comienzo, y este se remonta a mi bisabuelo Honorino Méndez. Un personaje con él que, a medida que descubro más sobre su pasado e historia más me identifico. Con el tiempo, él también comprendió que su mente y sus manos no estaban hechas sólo para pilotar máquinas sino que podían dar forma a sus ideas y hacer realidad sus invenciones. 

La aventura de mi bisabuelo Honorino, comienza fuera de su país y región de origen. Es en Francia, dónde trabajó en la industria aeronáutica y empezó a familiarizarse con la mecánica, los motores y la velocidad. 

Después de esta etapa, comienza a practicar ciclismo, llegando a ser profesional. Su práctica de este deporte, exigente en lo físico y mental, lo llevó a viajar por otros países cómo Chile, llegando a obtener cierto prestigio a nivel internacional.


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Estas vivencias, lo llevaron a utilizar su talento y experiencia para dar forma a una marca nueva de bicicletas en la época. Los diseños de Honorino, suponen en la época un avance no sólo en lo aerodinámico y en el reparto de pesos sino también en su estética. Una estética cuidada y fresca para la época que se diferenciaba con estilo de sus competidores. Desde su taller con sede en Santiago de Compostela, la marca Honorino, “Honor” como rezan los sellos de las bicicletas, adquiere notoriedad poco a poco y el taller crece para dar cabida no sólo a fabricación y reparación de bicicletas sino también de motocicletas.

Tanto es su crecimiento que despertaron el interés de Orbea, una de las firmas más importantes del momento en España, la cual llega a un acuerdo con Honorino para fabricar y distribuir sus bicicletas vigente hasta el 1980.

Es curioso, cómo siempre he sabido que de alguna forma, mi lugar estaba entre máquinas y vehículos de dos ruedas. Mi experiencia vital no puede equipararse a la de mi bisabuelo, él era un pionero y aventurero, pero no puedo dejar de sentirme conectado a él cada vez que imagino o fabrico un acelerador, un chasis, una estribera o un concepto nuevo para nuestras motos.

Honor, era una marca con estilo, que cuidaba los detalles y cuya estética no estaba reñida con el rendimiento y eficiencia de sus bicicletas. En nuestra empresa, intentamos replicar estas premisas en cada moto que tocamos. Mi bisabuelo, así lo hubiera querido.

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Honor motorbikes, desde 1920.